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El arte de emprender mal…

Últimamente he leído bastante por ahí sobre consejos que debería uno tener en cuenta a la hora de lanzarse de lleno al mundo del emprendimiento, sobre todo acerca de las relaciones son los socios. Aquí va mi experiencia personal.

Corría el año 2001 cuando monté mi primera empresa junto a 4 socios más:

  • Director de compras. Llamémosle «EL Cojo«. Un cincuentón con tanta experiencia en negociaciones con proveedores como en el arte de vivir bien.
  • Director de reservas. Alias «El listo«. Cuarentón con amplia experiencia directiva en el ramo hotelero.
  • Director técnico. Alias «JR«. Treintañero largo con muchos años de experiencia en gestión de equipos de desarrollo.
  • Diseñador gráfico. Mi Compañero. Cerca de los treinta y casi diez años de experiencia en diseño.
  • Responsable de desarrollo. Yo, 25 añitos un par de años de experiencia en desarrollo 😐 .

A este equipo añadimos una secretaria/recepcionista.

La idea pintaba bien y el equipo «parecía» que también. Alquilamos un despacho bastante amplio en un edificio de oficinas, compramos mobiliario y equipamiento, tiramos infraestructura de red, conectividad, servidores… Teníamos todo muy bien montado y dimensionado para meter más gente según fuésemos necesitando. Sólo nos faltaban los clientes y el trabajo 😉 .

El reparto de participaciones en la S.L. se hizo sobre la marcha a medida que entrábamos los demás, quedando los tres «directores» con la misma cantidad y los «pringaos» con una pequeña parte.

Me olvidaba del negocio. Queríamos ofrecer servicios de consultoría e implantación de proyectos B2B y B2C a los sectores de la hostelería y turismo. Partíamos de un grupo de gente con experiencia y los conocimientos y contactos adecuados.

Desde el principio manejábamos varios posibles proyectos con entidades públicas (Diputación de Valencia y Agencia Valenciana de Turismo) y privadas (una importante cadena de hoteles a nivel nacional) gracias a los contactos de los «directores«. Los «públicos» no recuerdo mucho de qué iban, sólo me  acuerdo de los «mamoneos» que se llevaban, y es que a esta gente le gusta/ba mucho mamonear. Eso sí, no os preocupéis por nada, lo vuestro «está hecho» decían siempre.

El proyecto de la cadena hotelera era impresionante para la época. Básicamente consistía en una central de compras para todos los hoteles de la cadena que centralizase todas las compras y la distribución. Con esto conseguirían, por un lado, mejorar los acuerdos con los distribuidores al aumentar el volumen de pedidos y por otro controlar y mejorar enormemente los rápeles que hasta entonces estaban completamente fuera de control. Las cifras de retorno para la cadena eran mil-millonarias (en pesetas 😉 ). A esto hay que sumarle una póliza de riesgo con una de las principales aseguradoras de este páis (sí, la del logotipo rojo y blanco 😛 ) que ya teníamos negociada.

De esta época es también, posiblemente, el mejor proyecto que he tenido a la vista en mi vida. Recordad que hablamos del año 2001. Era un proyecto a nivel europeo para el CSIC. Una especie de red social para relacionar investigadores y proyectos. La persona con la que lo gestionamos (directora de algo) estaba ilusionadísima con el sistema que planteamos y nuestro proyecto disfrutó de su firma y aprobación. Parecía que rozábamos el éxito. Querían que fuésemos a Ginebra a ver el famoso acelerador de partículas que de aquella estaba todavía comenzando a desarrollarse. Finalmente, cuando todo parecía que iba a funcionar, la directora de algo tuvo un grave problema personal que la llevó a ponerse de baja médica y cortó de cuajo cualquier posibilidad de desarrollar el proyecto.

La vida continuaba hasta que un día «Mi Compañero» y yo comenzamos a oler cosas raras. Resulta que «El Cojo«, cojo de verdad, falto de liquidación para aguantar los momentos de inicio de la actividad empresarial, decidió, de mutuo acuerdo con «El Listo«, darse de alta como trabajador de la empresa para posteriormente solicitar la baja en la Seguridad Social y cobrar la prestación y él se haría cargo de sus cotizaciones y sus pagos trimestrales a Hacienda 😐 . Creo que eso se llama estafa, pero como veréis más adelante, no lo era, todo muy legal. Resulta que este hombre había echado cuentas y para que le quedase pasta gansa después de pagar sus gastos necesitaba una nómina muy elevada, así que ni corto ni perezoso se nos pone una de 600.000 pesetas, sí, 3.600 eurazos. Craso error. Tan listo era que no sabía que la S.S. tiene un máximo para las prestaciones y a partir de ahí da igual cual sea tu cotización, cobras el máximo. Sus cuentas de la vieja ya no salían tan redondas. Para agravar más la situación, como «El Cojo» no disponía de liquidez inicial para hacer frente a sus pagos mensuales de Seguridad Social ni de Hacienda, pidió aplazamientos hasta comenzar a cobrar de la Seguridad Social. En una situación normal es la empresa la que te paga mensualmente y la S.S. le paga a ella algún mes después, no recuerdo cuantos, pero en su acuerdo, obviamente, nosotros no íbamos encima a adelantarle el dinero. El caso es que cuando empezaron a llegar los primeros pagos de la Seguridad Social por su baja, llegaron también los cobros de su cotización (recordemos que estaban aplazados) junto a los intereses pertinentes, con lo que no quedaba dinero que cobrar. ¡Menuda idea tuvo «El Cojo«!

Como ya he dicho, de esto nos enteramos cuando ya estaba todo hecho.

Algunos meses después «El Listo» nos convence de que «El Cojo» es un lastre en la empresa y que deberíamos deshacernos de él. No era ningún secreto, trabajar, lo que es trabajar, más bien poco, ya todos nos habíamos dado cuenta. Así que amablemente le pedimos que abandonase el equipo, seguiría manteniendo sus participaciones en la empresa (30%) pero se desvinculaba completamente de su gestión. Un par de semanas después recibíamos en el despacho una citación del juzgado por impago de nóminas a su nombre. Nos reclamaba todas las que no tenía firmadas, o sea, todas, ya que él mismo manejaba todo su asunto. El acuerdo nos costó 9.000 euros.

A todo esto los proyectos seguían en proceso de latencia. Está hecho, no os preocupéis, es que la administración tiene mucha burocracia.

«El Listo» era una persona… muy lista 😉 . A la par que trabajaba en la empresa llevaba también su propio proyecto turístico. Nos daba igual ya que todos hacíamos algo para ir sobreviviendo. Pero «El Listo» nos la metió bien metida. Para desarrollar un proyecto turístico contratamos dos chicas que se encargaron de llamar una por una a todas las agencias de viajes minoristas y mayoristas de este país. Imaginaos las facturas de teléfono, de aquella se pagaban todas las llamadas, no como ahora 😛 . Un par de meses después, cuando el primer paso del negocio estaba terminado, nos dice que no, que lo habíamos entendido mal, que aquello era para su negocio y que ya veríamos después cómo la empresa podía sacar algo de ahí. 😐 . Repito, 😐 . ¿Es que nos ves cara de tontos? Cuatro personas delante de la pizarra planteando el negocio y tres entendemos que el trabajo realizado es para la empresa y ¿tú dices que no? . Su respuesta: Creía que lo hacíais como amigos

Año y medio después cerrábamos el chiringuito. Lo único que llegamos a hacer fue una especie de «badulaque» para llamémosle «Apu«. Así es, era hindú y tenía algo parecido a un bazar 😛 . O sea, una tienda virtual de la época 😛 . A algunos nos costó dinero y otros lo ganaron, directa o indirectamente.

Me olvidaba de «JR». Era (y es) un buen tipo, bueno organizando gente, pero falto de mano izquierda y todos terminaban por subírsele a las barbas. Tuvo muchos problemas después de esto para comenzar de nuevo, pero al final lo logró y parece que le va bastante bien, eso sí, como asalariado.

Finalmente los dos más pringaos, el diseñador y yo, somos desde entonces muy buenos amigos. Hemos hecho muchas otras cosas juntos a partir de ahí, algunas con más fortuna, otras con menos, pero nunca tan mal como entonces. La experiencia empresarial le costó mucho dinero y tardó mucho en recuperarse y levantar cabeza. Ahora es profesor de autoescuela y no quiere saber ni lo que es un ordenador 😉 .

¿Y yo? Aquí sigo. No me quejo. Como ya conté en otras ocasiones, otros negocios me han ido muy bien y esto es una simple anécdota en mi vida que contaré a mis nietos sobre los peligros de juntarte con la gente inadecuada.

Creo que esto se puede aplicar a cualquier aspecto de la vida, no sólo al empresarial. Igual que te la pega un socio te la puede pegar un amigo, todo depende de las personas y del afán de fama, poder y dinero que tengan.

Después de esto he seguido haciendo muchísimos negocios, tanto con «El Diseñador» como con Marcos, y no nos ha ido nada mal. Hemos tenido nuestros más y nuestros menos y hemos discutido, sin duda, diez años dan para muchas discusiones, pero siempre hemos llegado a buen puerto.

Los socios son lo más parecido a una pareja sentimental. Pasas con ellos más tiempo que con la propia pareja, sin embargo tienes mucha menos confianza que con ella. Si cuando una pareja tiene problemas de dinero lo primero que se resiente es su relación, imaginaos qué puede ocurrir cuando los problemas de liquidación los tiene una sociedad que está hecha para ganar dinero. Y es que con las vacas gordas todo va bien, el problema viene con las flacas.

Es muy fácil dar consejos sobre lo que se debe y no se debe hacer o sobre cómo se deben hacer las cosas, seguramente me hubiesen venido muy bien, pero creo que, al final, todos los que comiencen en el emprendimiento tropezarán en la misma piedra ya que de primeras no crees que un potencial socio tuyo vaya a hacerte nada semejante. Eso sí, las siguientes veces ya no te fías de nadie. Y es que sabe más el diablo por viejo que por diablo 😉 . Un buen amigo mío diría: Siempre hay alguien más listo que tú.

Y es que, al final, todo depende del objetivo por el que te metes en un negocio. En el caso que os he contado, los «directores» buscaban el pelotazo, el negocio fácil a través del mamoneo, y al no conseguirlo como esperaban, buscaron lo mejor para sí mismos. Los pringaos, sin embargo, buscábamos hacer cosas, teníamos ilusión en los proyectos, creíamos en ellos y queríamos llevarlos a cabo y disfrutar haciéndolo. Creo que ésa es la diferencia.

Por cierto, el otro día me crucé con «El Cojo«. Qué cachondo el tío… 😉