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Monasterio de la Murta y la ruta del Pas del Pobre en Alzira

De la excursión sobre la que os hablaré hoy guardo un muy buen recuerdo, quizás sea porque es de esos sitios de los que a priori apenas conoces nada y no sabes lo que te vas a encontrar o quizás, simplemente, porque nos encantó todo, tanto el monasterio como la ruta de senderismo que existe, y es que sobre eso, queridos lectores, va el artículo de hoy. Podríamos resumirlo en algo así como senderismo histórico :P.

El primer escollo será llegar, nada claro, la verdad. Saliendo de Alzira dirección Tabernes veremos a mano derecha un desvío que señala “La Murta” y, a partir de ahí, continuamos durante unos 4km por una estrecha pista que cruza campos de naranjos hasta que llegamos al aparcamiento donde dejaremos el vehículo.

Es un recinto cerrado, por lo que al entrar deberemos dejar nuestros datos al guardia forestal, junto a la puerta de acceso hay también un plano con las distintas rutas que se pueden hacer. Para comenzar seguimos todo recto el camino hasta que nos encontramos con una cruz de hierro, a la derecha del camino veremos un pequeño sendero que asciende entre el bosque y nos lleva a la Nevera, utilizada antiguamente para guardar y mantener la nieve.

De vuelta al camino original continuamos hasta que llegamos verdaderamente a las ruinas del monasterio al que accedemos a través del puente de Felipe II que salva el barranco de la Murta, llamado así porque en 1586 el mismísimo Felipe II acudió al Monasterio.

La imagen que nos transmiten sus ruinas son terriblemente espectaculares. En estos momentos se realizan trabajos de restauración con lo que estaba completamente vallado el acceso al interior, pero bueno, digamos que nos colamos :P, no podíamos dejar pasar una oportunidad como esta.

El Monasterio de Santa María de la Murta es un antiguo claustro de la orden de los Jerónimos levantado en los s.XIV y XV, centro importante cultural y religioso de la época, como ya hemos visto, con la presencia de Felipe II o del mismísimo San Vicente Ferrer.

El s.XVI es el del verdadero esplendor del cenobio gracias a las donaciones de distintas familias, promoviéndose infinidad de obras y creándose la biblioteca.

El s.XIX marca el declive del monasterio, primero con la venta del órgano mayor y algunas pinturas fundamentalmente y, posteriormente, con la Desamortización de Mendizábal, que llevó al cierre definitivo.

En 1838 pasó a manos privadas y al abandono total, propiciando la expoliación de sus bienes, todo ello agravado con la invasión de la naturaleza que lo rodea. Es precisamente esta simbiosis entre el cenobio y el parque natural el que le da un aspecto inusitadamente majestuoso a todo el conjunto.

El GR-236 es un sendero que recupera una antigua ruta de peregrinación que unía los monasterios de La Murta en Alzira y San Jerónimo de Cotalba en Alfauir. El camino completo tiene unos 90km y discurre por antiguas sendas históricas de origen medieval. Tranquilos, nuestro camino es mucho más modesto :P.

Al final de nuestra ruta habríamos hecho unos 3,5km más o menos, completando dos hitos, la Font de la Murta y el Pas del Pobre, con unos 380m de altitud.

Desde la parte de atrás del monasterio, al lado de la piscina que recogía el agua, comenzamos verdaderamente la ruta de senderismo siguiendo precisamente la canalización que recoge el agua desde la Font de la Murta.

Remontamos el camino que discurre paralelo al agua, sin miedo pero cuidando de no resbalar ya que habrá zonas de piedra resbaladizas mientras que habrá otras de fango, pero no hay más problemas.

No desesperes, parece que el camino no lleva a ningún lado pero a mitad del sendero verás incluso los arcos de un pequeño acueducto del s.XVIII.

Continuando hacia arriba llegamos al final del sendero, junto al origen de la canalización de agua que se mete en una pequeña cueva con una puerta cerrada… desde ahí buscas entre la maleza la continuación del camino que termina encima de esa cueva precisamente, en otro sendero.

Desde ahí tienes las primeras vistas panorámicas de toda la zona, pero tendremos unas aún mejores.

Continuamos en este nuevo sendero a mano derecha y, posteriormente hacia abajo para volver al monasterio. Podríamos haber continuado también hacia arriba para llegar a la Creu del Cardenal, pero preferimos hacer la ruta del Pass del Pobre.

Como decía, de vuelta al camino por el que llegamos inicialmente la monasterio, al otro lado del puente de Felipe II, tomamos un desvío que nos lleva hacia arriba. Aquí comenzamos la verdadera marcha ya que hay algunos tramos con grandes piedras en el camino que hay que salvar y, además, la pendiente es bastante elevada, pero vale la pena.

A medida que comenzamos la ascensión vamos teniendo unas vistas fantásticas de todo el valle. El camino se haya perfectamente señalizado, no hay más que seguir las indicaciones, siempre hacia arriba, esquivando en algunos puntos la maleza.

Y llegamos al final, el alto del Pas del Pobre.

Ahí en lo alto aprovechamos para comer y descansar un poco, la subida había sido agotadora y las vistas pedían un tiempo de relajación y meditación.

Para volver, en vez de hacerlo por el mismo sendero, tomamos, al poco de bajar, un desvío a mano izquierda, bien señalizado también, que nos llevará, en vez de al monasterio, a la casa del guarda a la entrada del parque. Esta ruta es mucho más suave que la utilizamos para subir pero más prolongada, quizás hubiese sido mejor elección subir por aquí y bajar por la otra :P.

Y así regresamos a casa con muy buenas sensaciones y con la promesa de volver para subir a la Creu del Cardenal, ruta más dura que la que hicimos :P.

Castillo de Guadalest

Guadalest (Alicante) es uno de esos pequeños municipios de España que, sin quererlo, se han convertido en uno de los más turísticos, debido sin duda a su proximidad a Altea, Benidorm y otros destinos de playa europeos, pero aún así tiene el mérito de conseguir arrancar a los extranjeros de la orilla del mar para llevarlos a ver y recorrer algo de historia.

Llevaba diez años en Valencia y otros tantos con esta visita pendiente, y al final ha sido un cambio de planes fortuito el que nos llevó a caer aquí, sin esperarlo ni planificarlo, pues andábamos perdidos por el interior de la provincia de Alicante y nuestro camino de vuelta a casa pasaba por aquí.

Realmente hasta que te plantas delante de esta abrupta montaña no tienes conciencia de lo que estás viendo, es un trozo de rocas con mil años de historia que se queda pequeña al lado de las que la rodean, y es que se encuentra en un valle abrazado por las sierras de Aitana, Aixortà y Serrella, y aún así desde lo alto se puede llegar a ver Altea en días despejados.

Al hablar de Guadalest nos referimos al conjunto de la montaña, pero en realidad engloba dos castillos y al pequeño pueblo en sí mismo, la Fortaleza de la Alcozaiba y el Castillo de San José. El acceso al recinto se realiza bordeando por la derecha la montaña y a través de un túnel excavado en la misma roca.

Las dos fortalezas son de origen musulmán y del s.XI. Tras la conquista de la villa por parte de Jaime I, el pueblo fue cedido a varias familias, entre ellos los Cardona, que nombraron a los Orduña (de origen vasco) alcaides y gobernadores de Guadalest.

Tras el gran terremoto de 1644 que destruye buena parte de los castillos se levanta la Casa Orduña cuya familia alcanzaría su mayor poder en los siglos XVIII y XIX.

Al otro lado del macizo montañoso destaca el campanario de la Iglesia de la Asunción al que se accede a través de la Casa Orduña.

La Casa Orduña es un gran exponente de los gustos estéticos de la burguesía de la segunda mitad del s.XIX. A lo largo de la visita se accede a las distintas dependencias de que disponía la vivienda, desde la cocina hasta los salones nobles y despachos de los señores.

Por unas escaleras interiores solo accesibles desde la propia vivienda se accede al conjunto del Castillo de San José.

Declarado en 1974 Conjunto Histórico-Artístico, Guadalest es en su conjunto una especie de zoco donde las tiendas y restaurantes se mezclan con los museos, y es que hay unos nueve museos en tan diminuto núcleo: el de miniaturas, el etnológico, el de la tortura, el de Antonio Marco con su belén ecológico, el de saleros y pimenteros… el caso es tener a los turistas entretenidos 😛

Vale la pena darse una vuelta de punta a punta del pueblo, es muy agradable y el hecho de estar completamente peatonalizado lo hace todavía más encantador.

En los bajos del ayuntamiento encontramos excavadas en las rocas las antiguas mazmorras del s.XII.

Las vistas de los alrededores montañosos así como del pantano de Guadalest son increíbles desde el Castillo…

Y aquí dejamos, de vuelta a casa, otro capítulo de la historia de España, acercaos a Guadalest, no os arrepentiréis.

CAMPANARIO DE LA IGLESIA ASUNCIÓN

Patones de Arriba

Otra de excursiones madrileñas, esta vez Patones,  un clásico de la zona y centro de turismo rural de la Comunidad de Madrid.

El pueblo se divide en dos núcleos, Patones de Arriba y Patones de Abajo, el segundo se creó en los años 40 tras la Guerra Civil con el desplazamiento de la gente desde lo alto hacia la vega del río Jarama, movimiento que se generalizó en los años sesenta quedando Patones de Arriba prácticamente deshabitado y abandonado.

En los años setenta se produce, sin embargo, una recuperación progresiva de las casas de Patones de Arriba con numerosas rehabilitaciones para convertirlas en segunda vivienda y, sucesivamente, en negocios de hostelería y restauración, realizadas siempre respetando las construcciones tradicionales de pizarra.

Hoy Patones es uno de esos pueblos de estrechas y empinadas calles empedradas, de construcciones hechas a la antigua usanza en piedra y pizarra, incluso el pavimento de las vías es de pizarra. Todo ello convierte al conjunto en un pintoresco lugar donde puedes sentir la vida en estado puro, como se hacía hace cientos de años.

El acceso a Patones de Arriba se realiza por una estrecha carretera de 2,5km que sale de Patones de Abajo y nada más llegar debes dejar el coche, si puedes, ya que el espacio es muy reducido y el número de vehículos muy elevado, sobre todo en fin de semana.

Patones de Arriba es hoy un lugar que vive por y para el turismo. Como crítica diré que bueno, está bien, pero para qué nos vamos a engañar, tampoco es espectacular, he visto pueblos mucho mejores, sobre todo en Teruel y el interior de Castellón, pero no por eso hemos de rechazar una visita, siempre compensa :).

Si os apetece, existe un hotel del que me han hablado maravillas, Hotel El Tiempo Perdido, según me han contado es sencillamente espectacular en todos los sentidos. Ahí lo dejo por si alguien se anima ;).

Combarro

Ya he hablado otras veces sobre Combarro y nunca me canso. Es siempre mi primera escapada cuando regreso a Galicia, una mañana de paseo y pulpo.

Combarro es mágico y cautivador, y más aún en esta época del año sin turistas y prácticamente sin nadie más que los propios habitantes del lugar.

En Combarro la tradición pesquera y mariscadora se mezcla inevitablemente con la agrícola gracias a esos hórreos a pie de mar, esa construcción tan típicamente gallega que consigue crear aquí un monumento natural a la arquitectura popular.

Combarro es posiblemente el casco histórico más pequeño de Galicia y Conjunto Histórico desde 1972. Tienes que perderte por sus callejuelas para meterte plenamente en esas sensaciones que provocan sus pequeñas casas de piedra, sus cruceiros y sus caminos que terminan en el mar.

Hay rincones que aunque quieran tener encanto no lo consiguen mientras que otros, sin proponérselo, lo son por el simple discurrir de la vida. Los habitantes de Combarro nunca quisieron hacer de su pueblo algo especial, ni mucho menos convertirlo en centro de visitas turísticas, ellos sólo querían vivir en su pueblo, por eso levantaron sus casas como pudieron, aprovechando la zona rocosa que quedaba junto al mar sin ocupar los escasos terrenos que dejaban para la agricultura. Así es como nació la leyenda de Combarro, los hórreos están casi en el mar para no quitar terrenos de cultivo.

Hoy en día se contabilizan una treintena de estos hórreos, muchos para un lugar tan pequeño como Combarro, y crean una especie de muralla desde el mar que hace que destaquen sobre todo lo demás, lo veas desde donde lo veas.

La marea baja cobra especial encanto aquí en Combarro, no sé como describirlo, hay que vivirlo, esas algas, esas barcas sobre la arena, ese olor a mar viva… Además, con un poco de suerte, verás a las mariscadoras a pleno rendimiento :).

Pese a que la agricultura y la pesca siguen siendo parte fundamental de la economía de la villa, es indudable que el turismo ha dado un gran empujón a su desarrollo sin por ello cargarse el espíritu ancestral que sigue teniendo. La mayoría de bajos han sido reconvertidos bien en bares-restaurantes bien en tiendas de productos de la tierra y recuerdos (por favor, que dejen de vender de una vez esas meigas :S). Y aún así se come de lujo, es un sitio ideal para comer pescados y mariscos frescos con vistas a la ría.

Eso sí, en temporada alta pierde mucho encanto, hay tanta gente que se hace insoportable, mucho… si podéis, id cuando no haya nadie :P, es punto imprescindible en cualquier viaje organizado a Galicia, todos pasan por Combarro.

Y antes de regresar al hogar materno para comer… un buen aperitivo, que me lo merezco 😛

Castillo de Perputxent en Lorcha

En la excursión de este fin de semana nos acercamos a la provincia de Alicante para hacer una pequeña ruta. El plan inicial era visitar los castillos de Perputxent (L’Orxa) y de Alfofra (Confrides), sin embargo al llegar a este último no encontramos por donde subir hasta la cima de la montaña con lo que tuvimos que desistir.

En la entrada a la localidad alicantina de L’Orxa y tomando un desvío casi sin señalizar, bueno sí, señalizado como “camino privado”, llegamos a la colina sobre la que se levanta, dominando el valle del río Serpis, este castillo, considerado uno de los más hermosos de la Comunidad Valenciana por su planta, irregular por el terreno pero imponente a lo largo del cerro.

Antes de continuar he de decir que que la subida a la fortaleza no es sencilla, no hay camino ni pista sino que hay que subir “monte a través” por la colina tal cual la veis en la imagen. Hay un pequeño cartel que indica algo así como “Castillo 25 minutos” y que señala hacia arriba por un pequeño camino entre los campos y los árboles, pues bien, sí, es por ahí… hasta que el camino desaparece y comienza el momento de escalar arrastrándose literalmente.

De todos modos vale la pena sufrir un poco, total, ¿para qué has llegado hasta aquí si no? :P. Al recinto fortificado se accede a través de los restos de las antiguas murallas, bastante en pie todavía, aunque he de avisar de nuevo que todo el entorno e incluso el interior están completamente cubiertos de maleza y de árboles lo que hace la visita difícil e incómoda, está totalmente descuidado, como siempre, no entiendo que un atractivo semejante se mantenga en este estado de ruina total con amenaza de desprendimientos.

El origen del castillo es árabe, aunque inicialmente era solo un albácar (pequeño refugio para la población). Tras la Reconquista, Jaime I (el de siempre) lo cede a la Orden del Temple y tras la disolución de ésta en 1317 a la Orden de Montesa y es a partir de entonces cuando se tienen las primeras referencias a L’Orxa. Los caballeros de éstas órdenes militares fueron quienes reconstruyeron y ampliaron el castillo original hasta darle el aspecto final (no el actual, ruinoso :P), aún se pueden distinguir fácilmente el originario castillo musulmán de las ampliaciones cristianas.

No hay mucho más que decir sobre el castillo, vale la pena por la planta que tiene y por su situación en un pequeño cerro, lástima el estado de “no” conservación en el que se encuentra, hay que moverse con mucho cuidado no sólo por la vegetación sino también por posibles desprendimientos.

Aún así, muy recomendable si te gustan los castillos ya que este es uno de esos completamente desconocidos y sin embargo de los mejores.

Justo a los pies de la colina donde se levanta el castillo pasa una Vía Verde, una de aquellas antiguas vías de tren que han sido retiradas y ahora son el paraíso cicloturista. Ahí vemos una foto con la vetusta estación abandonada frente a la fortaleza. El tren debió ser importante para el desarrollo del pueblo, comimos en un restaurante de L’Orxa (nada del otro mundo, raciones y poco más que destacar) y tenía las paredes llenas de fotos antiguas con el tren de protagonista, creo que lo mejor del sitio :P.

Península do Barbanza: Catoira, Corrubedo y el Castro de Baroña

Nos vamos al otro lado del país. Mes de marzo, durante mi último viaje a Galicia :). Día típicamente lluvioso con el encanto que la lluvia solo tiene en mi tierra :). Nos vamos de excursión a la Península do Barbanza, entre las rías de Muros y Noia al norte y la de Arousa al sur, una ruta que me encanta.


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Torres Vikingas de Catoira

¡Qué recuerdos de aquella acampada con los colegas! Corría el año 1997 cuando nos vinimos a vivir de lleno la Romería Vikinga

La población de Catoira se sitúa en el interior de la ría de Arousa, en la desembocadura del río Ulla. Su importancia radicaba en ser la puerta de entrada hacia Santiago de Compostela desde el mar, por lo que su puerto tuvo cierta importancia en la Edad Media, de hecho, según la leyenda, a través del Ulla llegaron a Santiago los restos del Apóstol.


Alfonso III manda construir en el s.IX (sí, nueve) una fortaleza defensiva con el objeto de detener los ataques normandos y sarracenos que tienen como objetivo saquear Santiago. De aquella antigua fortificación de siete torres quedan hoy en día estas dos como testigo de más de mil años de historia.


Catoira celebra el primer domingo de agosto la Romería Vikinga en la que rememora uno de esos ataques y la defensa que la población de ciudad hace de la misma expulsando a los vikingos, una excusa como cualquier otra para dar buena cuenta del vino y los mejillones que se regalan… mi recuerdo me dice que tienes que luchar por ellos dada la avalancha de gente :P.

Al lado mismo de las torres y ya en la ría se encuentra fondeado durante todo el año la réplica del drakkar utilizado para la invasión durante la romería, construido siguiendo los planos enviados desde Dinamarca de uno similar. Una imagen curiosa en el s.XXI.

Praia do Vilar

Pasando Ribeira y subiendo hacia la ría de Muros y Noia nos encontramos con esta playa enclavada en el paraje natural de las Dunas de Corrubedo, una playa encantadora en verano pero espectacular en invierno.

Me parece un fastuoso espectáculo de naturaleza virgen el conjunto formado por la playa y todo su entorno, nos quedamos un buen rato pese a la llovizna ya que la belleza de las vistas invitaba a relajarse contemplando el mar.

Corrubedo

Finalmente continuamos hasta Corrubedo, un pequeño pueblo marinero que aún conserva cierto encanto, y digo aún porque, como en casi toda Galicia, poco a poco lo van perdiendo sin remedio.


Como era la hora de comer acudimos al Restaurante Taberna O Secreto, aceptable, ni bueno ni malo. El servicio agradable, eso sí, estábamos solos en el local :P. La carta escasa, pero como nos indicaron amablemente, en invierno, y más con el mal tiempo que había hecho este año, cumplen con lo justo, solo en verano se puede disfrutar de su totalidad. Nos pareció un un poco caro para lo que es Corrubedo y el propio restaurante, pero la comida cumple, sobre todo el pescado fresco.

Nuestro menú consistió en pulpo (muy escasa la ración para su precio), navajas (muy buenas y abundante la ración) y lubina a la plancha, cara pero espectacular. No es para ir a propósito pero si estás por la zona es un sitio decente.

Dunas de Corrubedo

Llegamos a las Dunas de Corrubedo, ¡cuantos recuerdos también de excursiones del colegio siendo niño!…

Pero cómo han cambiado las cosas también :P, ahora es una zona totalmente protegida, terminantemente prohibido salirse del camino y ni hablar de subir a las dunas como hacíamos antaño para dejarnos rodar duna abajo… En serio, incluso hay vigilantes y la multa es de las gordas.

Es un sitio idílico que me encanta, no lo puedo negar. Al otro lado de las dunas se encuentra la continuación de la Praia do Vilar, no sé como se llegará ahora, recuerdo que antes se cruzaban las dunas.


La duna es la más grande del noroeste peninsular, 1km de largo por 200-300m de ancho y 20m de altura.

La zona protegida dispone además de un lago de agua dulce y otro de agua salada.


Faro de Corrubedo

Si hay algo que me encanta después de los castillos son los faros, no dejo pasar la oportunidad de visitar alguno siempre que puedo.

Desde el faro se tienen unas vistas asombrosas de la costa, sobre todo en un día de mal tiempo como era este, con el mar azuzando con fuerza.

Castro de Baroña

Finalmente continuando hacia Porto do Son llegamos a uno de mis sitios preferidos, el Castro de Baroña. Al llegar a la parroquia de Baroña veremos a mano izquierda un solitario bar restaurante con un desvío, lo tomamos y dejamos ahí mismo el coche. Bajando por el monte siguiendo nuestro instinto y los propios caminos llegamos a esta paradisíaca visión.

Una pequeña península rocosa unida solamente por un estrecho istmo arenoso se convierte en uno de los mejores ejemplos de la cultura castreña, aquella civilización que surge por la evolución y adaptación de los primeros pobladores celtas y que los romanos se encargaron de aplastar.


Me encanta este sitio. Lo primero que te llama la atención son las enormes murallas defensivas que colocaron para defender el único punto débil del poblado, el propio istmo, ya que el resto del islote está rodeado de acantilados. Probablemente alcanzó su esplendor entre los siglos Ia.c. y I d.c.

Parece mentira que algo así se haya descubierto en 1933, ¿como es que nadie lo había visto antes? 😛 Imagino que estaría muy cubierto de arena y vegetación, pero de ahí a ocultarlo… Hoy es Patrimonio Histórico-Artístico.



Aquí terminamos la excursión del día, felices y contentos tras haber disfrutado enormemente con la ruta, es mágica, esa mezcla de historia y naturaleza…

Peñíscola y el Castillo del Papa Luna

Hace ya algún tiempo propuse una visita de fin de semana a Alcoceber con escapada a Peñíscola incluida. Pues hoy os propongo lo contrario, fin de semana en Peñíscola con cena en Alcoceber, y es que íbamos buscando de nuevo el Restaurante Asador Guetaria que tanto nos había maravillado en aquella ocasión, pero estaba cerrado :(, una lástima. O no, así perdurará en nuestras memorias como algo digno de recordar :).

Peñíscola es, sencillamente, mágica, de día, de noche, al atardecer, al amanecer… da igual, tiene el encanto que solo algunos elegidos lugares consiguen tener sin pretenderlo.
Pasear por todo su conjunto histórico, por sus estrechas y empedradas calles protegidas por casas y edificios bajos completamente emblanquecidos de cal, subir hasta el castillo, sentarte en cualquier terraza, tomar algo en alguno de los múltiples bares que ocupan los bajos… es algo reparador para el espíritu.

El casco antiguo de Peñíscola se localiza en una pequeña península rocosa unida a tierra por un istmo, de manera que su situación geográfica facilitaba enormemente su defensa y la convierte en una ciudad en el mar. Desde lo alto del castillo se obtiene una panorámica perfecta del trozo de tierra que la une a la costa.

En lo alto del peñon se encuentra el castillo, dominando no sólo la tierra sino tambiñen el mar, el resto del pueblo se fue desarrollando adaptándose a la geografía rocosa, creando ese caprichoso entramado de calles que es Peñíscola en sí misma.

El pueblo se encuentra rodeado, así mismo, de murallas levantadas en distintas épocas, convirtíendola en lugar inexpugnable a la vez que de belleza inusitada ;).

No lo puedo negar, me encanta perderme por las callejuelas, subir, bajar, rodear las murallas… Lástima que cuando se acerca el calorcito se llena de gente de manera exagerada durante los fines de semana y pierde todo su encanto. Prefiero el otoño o la primavera en Peñíscola, creo que es cuando aparece su mejor imagen, hasta hay menos puestos de venta de recuerdos para turistas.

Castillo del Papa Luna

Qué os voy a contar del Castillo del Papa Luna que no os haya contado ya… Es sencillamente espectacular.

La historia está intimamente ligada al Papa Luna como ya os conté hace tiempo (por cierto con unas bonitas fotografías nocturnas :P). Benedicto XIII, el Papa Luna, es elegido papa en 1394, pero Francia no lo reconoce debido a que consideraban que no sería tan manejable como el anterior, además de ser súbdito del Reino de Aragón (había nacido en Zaragoza) y sería difícil que jurase lealtad a la monarquía francesa. Tras el Cisma de Occidente y en el Concilio de Constanza, Benedicto XIII es condenado como hereje y antipapa pese a sus creencias ya que él consideraba que era el único papa elegido cardenal antes del Cisma. Finalmente traslada su papado al Castillo de Peñíscola bajo la protección del rey de Aragón donde muere en 1423.

Tras la ocupación de la ciudad por parte de Jaime I en 1233 éste la cede a la Orden del Temple que edifica este castillo sobre los restos de una antigua alcazaba musulmana a imagen y semejanza de las fortalezas de Tierra Santa. Tras la desolución de la orden templaria en 1307 Jaime II la recupera para la corona de Aragón para cederla de nuevo en 1319 a la Orden de Montesa, y ésta al Papa Luna hasta su muerte, en que vuelve a la Orden y finaliza el periodo de máximo esplendor.

A partir de entonces el castillo pasó por todas las vicisitudes históricas de España incluyendo la Guerra de Sucesión y las Carlistas hasta que pierde su importancia militar.

Si los exteriores del castillo son monumentales, los interiores son apasionantes, descubriendo salones, cocinas, mazmorras, pasadizos, escaleras y todos los ingredientes necesarios para volver 600 años al pasado.

Para los que no lo sepáis, las escenas de El Cid de Charlton Heston de la batalla en la playa con la ciudad amurallada al fondo, son de Peñíscola, su playa, su castillo… ¡en 1961! Menuda presentación mundial de Peñíscola como destino turístico. Y es que Peñíscola es hoy en día el segundo destino turístico de la Comunidad Valenciana tras Benidorm y el Castillo del Papa Luna el monumento más visitado de España tras la Alhambra… o eso dicen al menos los estudios estadísticos.
Por si lo visto hasta ahora era poco, nos queda la terraza superior del castillo, con unas vistas espectaculares sobre todos los alrededores, tierra y mar… da igual a donde mires, todos los paisajes son brutalmente preciosos.

No sabíamos donde cenar y se nos ocurrió volver al Asador Guetaria de Alcoceber como ya os comenté, pero estaba cerrado, así que nos quedamos en otro al lado de aquél, Restaurante L’Illa, en el puerto deportivo también, y salimos encantados. Tabla de quesos de Cati (de la zona del Maestrazgo), entrecot a la brasa y magret de pato a la brasa. Los quesos, espectaculares, la carne, buena y en su punto. Otro buen descubrimiento, sin duda :).


De vuelta el domingo decidimos parar a comer en el restaurante del Hotel Voramar en Benicassim que tan buen recuerdo nos había dejado también en otra ocasión, una lástima, lo mejor de todo es la espectacular terraza que tienen en la playa. Si L’Illa fue la de cal, este fue la de arena.

Salimos completamente desencantados, ni la comida ni el servicio eran nada del otro mundo, la paella no estaba buena, los entrantes, un quiero y no puedo de cocina moderna… en fin, una lástima. Nuestro menú, huevos trufados, brocheta de langostinos, paella valenciana y, de postre, degustación de helados.



Siento decirlo pero es un sitio que no recomendaría a nadie, salimos muy decepcionados, esperábamos muchísimo más de un sitio con las recomendaciones que tiene este. Mucha cocina creativa, mucha presentación, pero el arroz infumable y los entrantes casi prescindibles… Eso sí, la terraza de la cafetería, espectacular, muy recomendable para tomar unas cañas y tapear.

Castillo de Manzanares el Real

Aprovechando un par de semanas que tuve que quedarme en Madrid por motivos profesionales, dedicamos el fin de semana, además de a ver a familiares y amigos, a hacer alguna visita cultural. En este caso nos acercamos al hermoso castillo de Manzanares el Real, un clásico de fin de semana para los madrileños.

Las imágenes hablan por sí solas. El castillo se yergue sobre un pequeño montículo al lado del embalse de Santillana y al pie de la Sierra de Guadarrama, formando un conjunto bonito conjunto de naturaleza e historia.

Fue declarado Monumento Histórico-Artístico en 1931 y es uno de los castillos más hermosos y mejor conservados de España.

De planta cuadrada y construido en granito, las esquinas están flaqueadas con 4 torres circulares y la Torre del Homenaje de planta hexagonal, todas ellas almenadas, con matacanes y decoradas con bolas que le dan un aspecto vistoso y llamativo. La fortaleza está, además, rodeada de una línea de murallas también almenadas que le dan un carácter más defensivo pero a la vez realzan aún más la belleza del conjunto.

En el interior encontramos un gran patio central porticado con dos galerías, la del primer piso está considerada como la más bella de la arquitectura medieval española.

La historia del Castillo de Manzanares se remonta al s.XIII y a los litigios entre Madrid y Segovia por hacerse con las fértiles tierras que bordeaban el alto Manzanares. En el s.XIV, Pedro I de Castilla cede estas tierras a su mayordomo, Pedro González de Mendoza y es al hijo mayor de éste al que se le atribuye la construcción del castillo viejo, restos que aún se pueden ver también en Manzanares el Real.

Es a finales del s.XV cuando la Casa de Mendoza decide construir un nuevo palacio fortificado acorde al poder político y económico que habían alcanzado, sin embargo dejará de ser residencia oficial en 1566 a la muerte de Íñigo López de Mendoza y Pimentel, cuarto duque del Infantado, debido a disputas por la herencia.

En 1914 el ducado del Infantado acometió una primera restauración del edificio, sin embargo será en los años sesenta y setenta cuando se realicen las obras de consolidación que le han dado el buen aspecto que tiene hoy en día, aunque se han tenido que reconstruir bastantes elementos, sobre todo interiores.

El castillo pertenece todavía al duque del Infantado que lo cedió por 60 años a la Comunidad de Madrid y ésta a su vez ha convertido en museo de los castillos españoles, biblioteca y lugar de exposición de una colección de tapices.

La visita de todo el interior resulta muy agradable, esta vez creemos que se ha hecho una pequeña ruta histórica de calidad, apoyándose en textos, objetos y restos de buena factura, vale la pena dejarse perder tanto por su interior como por las terrazas superiores, por sus torres, sus almenas y sus matacanes. Además las vistas de la Sierra de Guadarrama son espectaculares, en invierto todo nevado será increíble.

Comimos allí mismo en La Charca Verde, un clásico de Manzanares, a base de setas naturales a la plancha, solomillo de choto, entrecot biológico… bien en general, relación calidad/precio aceptable, nada que objetar. Muy agradecidas las tacitas de caldo cortesía de la casa antes de comer, y es que era un frío domingo de febrero :P.

Y desde aquí, de vuelta a Valencia…

Albarracín, Cascada del Molino de San Pedro y Cascada del Molino Viejo

Vamos con un fin de semana de esos revitalizadores y desestresantes :). Esta vez nos decantamos por un clásico, Albarracín, considerado posiblemente el pueblo más bonito y encantador de España.

He de decir que fue complicadísimo encontrar alojamiento, hay bastante hotelitos y hostales, pero estaba casi todo completo, se celebraba un concurso de pesca y nos costó localizar habitación. Al final encontramos un hostal nuevo, a sólo cinco minutos del centro del pueblo que estaba genial, apenas salen referencias en ningún buscador, sin embargo es una opción muy buena y asequible. Hostal El Solanar, 45 euros la habitación doble con desayuno, mejor imposible, está todo para estrenar, a nosotros nos tocó una habitación abuardillada.

Además de visitar el pueblo nos dimos una vuelta por los alrededores como veis en el mapa de ruta, genial. Y es que Albarracín es más que su casco histórico.

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A) Albarracín

Comenzamos el fin de semana de sosiego recorriendo el centro del pueblo, con tiempo, con tranquilidad, disfrutando de sus callejuelas, de sus plazas, de sus murallas, de la atmósfera medieval que impregna e inunda cada recoveco de Albarracín.

Para nosotros era nuestra segunda visita y he de reconocer que no nos pareció tan espectacular como la primera, supongo que es normal, la sorpresa que te llevas la primera vez es sensacional y el recuerdo que te deja es inconmensurable. No me malinterpretéis, con esto no quiero decir que ya no lo sea, nada más lejos de la realidad, lo que ocurre es que el asombro inicial deja paso a otro tipo de sensaciones, creo que incluso se disfruta más y mejor ya que aprecias aún más del encanto de Albarracín.

La ciudad de Albarracín se ubica en un recodo del río Guadalaviar, de manera que el agua abraza casi completamente al pueblo quedando además encajado entre las sierras de Albarracín al norte y los Montes Universales al sur. El cinto de murallas, emblema de la ciudad, cierran el círculo de protección que forman junto al río convirtiéndola en un recinto casi inexpugnable.

En los alrededores nacen los ríos Guadalaviar, Tajo, Júcar, Cabriel y Jiloca, lo que, unido a las zonas montañosas que rodean a Albarracín, crea una zona de naturaleza única, más abajo lo veréis :P.

Aunque sus orígenes se remontan a la Edad de Hierro es durante el periodo de ocupación musulmana cuando Albarracín comienza a resplandecer, sobre todo a partir del s.XI cuando, tras la descomposición del  Califato de Córdoba en 1031,  se convierte en taifa independiente.

Tras distintos avatares de la historia la Taifa de Albarracín cae en manos de una familia cristiana de linaje navarro a finales del s.xII que la convierten en Señorío completamente independiente  y la hacen prosperar económicamente.

En 1300, y tras el fracasado intento de conquista por parte de Jaime I,  pasa definitivamente al Reino de Aragón, siendo un enclave fundamental en la defensa contra el vecino Reino de Castilla, prueba de ello es la importancia que los reyes aragoneses dieron a sus murallas defensivas.

A partir del s.XVI la ciudad se extiende fuera de las murallas al perder su carácter belicoso y aún vivirá algunos siglos de esplendor económico. La Guerra de la Independencia marcará el comienzo del declive con la destrucción de barrios y casas.

Es precisamente la falta de espacio entre las murallas y el Guadalaviar lo que convierten a Albarracín en un entramado de estrechas y empedradas calles. La ciudad carecía de otra forma de crecimiento que no fuese aprovechar al máximo el poco espacio del que disponían.

Albarracín vive hoy en día del turismo, aunque la industria maderera es también importante, son los hoteles, bares y restaurantes los que dominan el casco histórico de la villa.

La verdad es que, tras mi primera visita, recordaba bastante más amplia la zona antigua, en realidad la recorres en poco tiempo, sin prisa, sin agobios (bueno con uno, la gran cantidad de gente que te llegas a encontrar en fin de semana)… Los paseos calle arriba calle abajo son espectaculares, en cada vuelta que das descubres un nuevo y singular edificio, una balconada de madera, un escudo nobiliario, un rincón encantador…

El pueblo está plagado de bares donde tomarte una caña y de restaurantes donde degustar la gastronomía local. Nosotros tuvimos el placer de cenar en El Rincón del Chorro, considerado por muchos como el mejor de la zona, y no estuvo nada mal, nada espectacular, pero muy íntimo y agradable. El comedor está en el piso de arriba, en el de abajo es más bar y puedes disfrutar con unas raciones mientras lees un reportaje de los años 80 del New York Times sobre Albarracín donde ya recomendaban este restaurante :). Nuestro menú consistió en ensalada con queso de cabra y nueces, magret de pato con foie, entrecot con salsa de queso gorgonzola y pastel ruso de postre. Precio habitual, ni caro ni barato, pero la comida bien en general.

Finalmente nos quedaba el castillo, al que no pudimos entrar, se suponía que debía estar abierto, supongo que el vigilante estaría en el concurso de pesca :P.

En todo caso el interior del castillo se encuentra en estado de ruina, solo conserva la parte exterior de sus muros que lo hacen muy interesante. Fue en su momento la residencia oficial de los reyes y señores de Albarracín, fuesen musulmanes o cristianos.

Así terminamos nuestro tranquilo paseo por este espectacular pueblo al que recomiendo encarecidamente a todo el mundo, pese a la cantidad de gente que se puede juntar en fin de semana, la sensación de tranquilidad que transmiten sus callejuelas lo convierten en un destino ideal para un fin de semana.

B) Cascada del molino de San Pedro

Salimos desde Albarracín dirección Masegoso y desde allí hacia El Vallecillo. Tras cruzar el pequeño puente sobre el río Cabriel tomamos un desvío a mano izquierda, y tras unos 300m aproximadamente dejamos el coche para continuar a pie. Desde ahí oirás ya la caída del agua, sigue tu instinto hasta encontrarte con esto…

¡Qué ganas de pegarse un baño! Y es que todo el entorno resulta increíble.

AL fondo todavía pueden verse las ruinas del antiguo Molino de San Pedro,

En otoño tiene que ser espectacular, incluso en verano lleno de verde vegetación, aún así es un placer para tus sentidos, la vista, el ruido del caer del agua en tus oídos, el olor a humedad en tu nariz, las gotas de agua salpicándote…

Un poco más adelante en dirección a El Vallecillo puedes ver los Ojos del Cabriel, el nacimiento del río, nosotros no llegamos, se nos hacía tarde, una lástima…

C) Cascada del Molino Viejo (Calomarde)

Cambiamos de dirección y nos dirigimos desde Royuela a Calomarde. A mano izquierda encontrarás un pequeño desvío a un aparcamiento que pasa completamente desapercibido si no vas pendiente del camino ya que no hay señalización alguna. Dejas el coche, bajas por el camino y te topas con esto otro…

El salto de agua formado por el río Blanco (afluente del Guadalaviar) forma al caer un hermoso paraje que han acondicionado con pasarelas que te permiten moverte completamente a lo largo de la zona, incluso hay un merendero en la parte superior, junto al aparcamiento.

Fijaos en el arco de piedra que la caprichosa naturaleza ha tallado justo después de la cascada… sencillamente impresionante.

Fijaos también como la naturaleza rompe la propia caída de agua reparándola en dos chorros…

Y ya no digo nada más, solo disfrutad de las fotos. Aproveché para jugar un poco con la velocidad de obturación de mi nueva Canon EOS500d :P.

Y bueno, aquí terminó nuestro fin de semana de relax… se hace tan corto :(. Seguro que volveremos por esta zona, hay mucha naturaleza que vale la pena visitar.

Castillo de Peracense

En la provincia de Teruel y a unos 55km de la capital de la misma, perdido en mitad de una telaraña de estrechas carreteras por las que la circulación es una odisea, se encuentra este impresionante castillo, completamente mimetizado con el abrupto y rocoso paisaje de piedra rojizas. Hace ya tiempo que Álvaro me había hablado de él pero hasta ahora no habíamos tenido la oportunidad de visitarlo. Tenía razón :P.
Aunque se han encontrado restos arqueológicos de asentamientos celtíberos y romanos, las primeras referencias que se tienen son de la época musulmana, pero la verdadera importancia de esta fortaleza llegará en el s.XIV, al encontrase en la frontera entre los reinos de Castilla y Aragón se convirtió en vigilante mudo de las tensiones entre ambos reinos ya que nunca llegó a estar en primera línea de batalla, privilegio que correspondía al vecino castillo de Ródenas.

Tras la fusión de los reinos de Castilla y Aragón con el matrimonio de los Reyes Católicos el Castillo de Peracense pierde toda la importancia que tenía al desaparecer el peligro hostil en la frontera. Volvió, no obstante, a tener cierta importancia durante las Guerras Carlistas para volver al abandono total tras la finalización de éstas. En 1987 se inició el proceso de restauración que nos permite hoy en día asombrarnos con la espectacularidad de esta fortaleza y su entorno.

El fortín está formado por tres recintos amurallados concéntricos. Una gran muralla protege los flancos sur y oeste ya que el norte y el este, como veis en las fotos, son totalmente inexpugnables gracias a los acantilados sobre los que se levanta el núcleo central del castillo.

Recinto exterior

Era el recinto utilizado para proteger a la población y al ganado en caso de peligro y suponía el primer nivel defensivo con unas enormes murallas.

Unas escaleras de madera situadas a cada lado de la muralla dan acceso al adarve que puede recorrerse al completo.

Recinto intermedio

A través de una puerta situada en la segunda línea de murallas y protegida por una gran torre accedemos al recinto intermedio.

Acogía la plaza de armas del castillo y era probablemente donde se alojaban los soldados. En esta zona encontramos, además, el aljibe principal, excavado en el suelo y con capacidad para sesenta mil litros de agua.

En la confluencia de las murallas del recinto exterior e intermedio se encuentra la Torre del Hospital, que domina el flanco más expuesto tal como se ve en la imagen superior.

Recinto superior

Finalmente encontramos el recinto principal, levantado sobre un contundente espolón rocoso desde el que se divisan y controlan todos los alrededores.

Hoy en día se accede desde una escalera de madera, pero hay que imaginarse que ahí había un puente levadizo protegiendo la parte más importante de la fortificación ya que allí se guardaban no sólo víveres sino también armas y hasta tres aljibes.

El interior es totalmente irregular, adaptado al caprichoso peñasco sobre el que se levanta. Tras atravesar la puerta de entrada accedemos a un estrecho pasillo que lleva al interior del perímetro. En primer término tenemos la falsa torre del homenaje, ya que en realidad es simplemente una pantalla de protección de la fortificación. Se puede subir a la terraza superior a través de una escalera.

Por otra escalera al otro lado subimos a las estancias centrales del edificio. La cocina y los salones principales.

En la parte más alta del recinto encontramos otra especie de terraza con una cisterna para recoger agua. Se ha acomodado a lo largo del muro que la rodea un falso camino de ronda para que se pueda transitar y disfrutar de las vistas.

Hacia el extremo este del castillo, en el recinto intermedio se encuentran los restos de un cementerio.

Los exteriores que rodean la fortaleza forman parte del encanto del propio castillo, y es que las vistas desde la altura del recinto principal son espléndidas.

El castillo es completamente espectacular, tanto por su situación como por su arquitectura, su construcción de piedra arenisca roja (rodeno) y su integración en el paisaje. Compensa de sobra las peripecias para llegar hasta él :P.

Pese a lo que se pueda pensar, había mucha gente visitando el castillo. Cuando llegamos nosotros habría otros seis u ocho coches. Normalmente cuando visitamos alguna fortaleza somos los únicos visitantes :P. Una visita más que recomendable.